El dulce reencuentro de Meritxell y el Casal dels Infants

    La pasión de Meritxell Montserrat son los pasteles. Los hace desde hace 12 años y enseña a hacerlos en Mericackes, su empresa. Antes de tener éxito en el oficio, fue una niña ravalera con una situación complicada en casa. El espacio para aprender, gozar y sentirse escuchada lo encontraba en el Casal dels Infants. Muchos años después, es ella quien acoge en Casal en su taller en el barrio de Gràcia, para hacer un curso para mujeres del barrio de la Mina participantes del servicio de formación e inserción dDones.

     

    Aunque tenía ganas, con el paso del tiempo y las obligaciones del día a día no había podido recuperar el vínculo con la asociación: “Había entrado varias veces en la web del Casal, pero no tenía tiempo para hacerme voluntaria. Puedo llegar a trabajar 14 horas al día en el obrador, y tengo un hijo de 12 años”. Por eso Meritxell no se esperaba recibir un email de Cami, educadora del Casal dels Infants del Besòs y la Mina, que había descubierto Mericackes buscando cursos de pastelería para las participantes del dDones. “Me propusieron hacer un curso para el Casal sin saber que yo había participado en él de pequeña. Me hizo muchísima ilusión y contesté que sí enseguida”. El reencuentro, por casualidad, había cuajado. 
     
    Pocos días después, las participantes del dDones entraban en el obrador de Mericakes. Son jóvenes del barrio de la Mina que en el servicio están aprendiendo competencias transversales y técnicas para encontrar trabajo en el sector de las panaderías y las cafeterías. La guinda del pastel de la formación, pues, sería un curso intensivo con Meritxell para aprender a realizar bizcochos y rellenos. Dos mañanas, nueve horas de aprendizajes, un diploma de Mericakes y un buen trozo de pastel para llevarse a casa. “Yo estoy muy contenta, porque he visto que aprendían. Han descubierto cosas que yo ya tengo interiorizadas, como que batiendo claras de huevo con azúcar conseguimos el merengue. Me lo he pasado muy bien”, comenta Meritxell al terminar. 
     
    A los 37 años, Meritxell no sólo puede transmitir conocimientos a las jóvenes, sino convertirse en un referente sobre cómo encarar el futuro. “Por el hecho de ser de un lugar concreto, como el Raval o la Mina, no deben ponerse límites”. En su caso, dejó de estudiar a los 16 años, se puso a trabajar y a los 17 ya se había independizado. Pero encontrar su pasión la hizo luchar para ser pastelera, conseguir estudiar en la escuela Hoffmann y especializarse en diseño de pasteles creativos. “Lo más importante es que crean en ellas mismas y encuentren una motivación, y luego ya encontrarán la manera de luchar para conseguir lo que quieran”, asegura.