“Si la gente del Raval escolariza a los hijos en el barrio, garantizará más oportunidades y derechos”

    L'Asia El Mghyly, participant del Casal dels Infants, durant la conversa sobre la segregació escolar.

     

    Los estudios y las estadísticas indican que la segregación escolar es uno de los principales obstáculos para la igualdad de condiciones educativas en Catalunya. ¿Pero qué tiene que decir el alumnado que la sufre? Hablamos de ello con Asia El Mghyly, que participa en nuestro Casal Joven Atles del Raval. Estudió la primaria en una escuela de alta complejidad, y la secundaria y el bachillerato en un instituto con poco alumnado de origen inmigrante o dificultades socioeconómicas. Más allá de su caso concreto, analizamos también cómo los efectos de la segregación en las aulas se han agravado con la Covid-19 y qué es necesario hacer para que no generen más inequidad este curso.

    La teoría nos la sabemos, y está contrastada por muchos datos: la segregación escolar es un grave obstáculo para que muchos niños, niñas y adolescentes alcancen el éxito educativo. Es decir, que en un mismo territorio haya escuelas e institutos con más chicos y chicas de origen inmigrado y/o de familias con pocos recursos socioeconómicos que en otros centros provoca que haya desigualdad en las condiciones para aprender. Dar voz al alumnado que vive esta realidad, pero, refuerza esta información, la puede hacer más comprensible y, como en el caso de Asia El Mghyly, puede dar más fuerza a la demanda de cambios para una educación más igualitaria. 

    “Realmente, ha sido una buena experiencia. La infancia estuvo bien, tuve amigos, buenos estudios, buenas notas…”. Así es como empieza a explicar Asia su experiencia como estudiante de una escuela pública de alta complejidad en el barrio del Raval. Se siente orgullosa del barrio donde nació, de su diversidad cultural y de haber estudiado allí. también de maestros que, más allá de transmitir conocimientos en las aulas, se ocupaban de estar al corriente de cómo estaban los alumnos y alumnas y sus familias, de la situación en su casa…

    La escuela no es gratuita: materiales, salidas, colonias… 

    Estar satisfecha y orgullosa de haber estudiado en el barrio, pero, no está reñido con señalar qué debería cambiar. “Mi escuela estaba un poco atrasada en el tema de ordenadores y la tecnología”, comenta Asia. Tampoco pudimos hacer colonias, porque el coste tenía que ir a cargo de las familias. Si muchas no tenían recursos económicos para satisfacer sus necesidades básicas, todavía menos para un viaje a final de curso”. 

    Esta observación de Asia es importante. La Ley de Educación de Catalunya (LEC) dice que la educación primaria y secundaria debe ser gratuita y en condiciones de igualdad. Por lo tanto, los padres y madres no deberían asumir ningún gasto. Pero la falta de financiamiento público hace que las familias hagan aportaciones económicas para material escolar y tecnológico, y para salidas y colonias escolares, entre otras. Hay centros educativos, como la escuela de Asia, en los que muchos padres y madres no pueden aportar este dinero y, por lo tanto, acaban teniendo menos materiales, hacen pocas salidas y no van de colonias.

    De rebote, esto agrava las desigualdades y la segregación. Por un lado, hace que las familias con más recursos no quieran llevar a sus hijos e hijas a estos centros. Por otro, provoca que las familias desfavorecidas no puedan acceder a escuelas e institutos en los que las familias pagan cuotas de la AFA o la AMPA.

     

    Asia: “Estudiar la primaria en el Raval fue una buena experiencia. En mi escuela, pero, no hacíamos colonias porque no había suficiente dinero”

    El estudio “Estimación del coste de la plaza escolar en Catalunya”, publicado este julio por el Síndic de Greuges, calcula que sería necesario destinar 1.164 millones de euros más en educación para garantizar la gratuidad de la enseñanza (esto es lo que sería necesario en un “escenario hipotético de escolarización plenamente equilibrada”, según el informe, por lo tanto si no existiera la segregación escolar actual). Pero si nos fijamos nuevamente en la ley, establece que se debe invertir en educación el 6% del PIB de Catalunya, así que sería necesario incrementar todavía mucho más el presupuesto educativo. 

    Volviendo a las colonias y salidas, el mismo estudio señala que en los centros de mucha alta complejidad (aquellos que acogen una mayor proporción de alumnado de origen inmigrante o de familias con pocos recursos socioeconómicos) el coste de estas actividades es de 56 euros anuales en los públicos y 41 en los concertados. En los de baja complejidad, en cambio, el coste es de 124 en los públicos y de 204 en los concertados. 

    Las plazas para alumnado recién llegado y la matrícula viva

    “Hacia cuarto de primaria llegaron a mi clase tres chicos recién llegados, dos de Pakistán y uno de filipino”, explica Asia. “Había el aula de acogida, que les ayudaba principalmente con el catalán y el castellano. Pero en las otras asignaturas también necesitaban apoyo, y me pidieron a mí y a otra chica que les prestáramos atención en el aula y les ofreciéramos ayuda en lo que necesitaran. A mi me pareció muy bien ayudarles, pero llegaba un punto en que se me hacía pesado”. 

    A menudo el alumnado recién llegado se acaba escolarizando en centros que ya son de alta o muy alta complejidad, incluso cuando se escolariza a mitad de curso -la llamada matrícula viva- . Eso significa que en un aula se acaban concentrando alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo (NESE) -por su origen social o inmigrante- y que el profesorado no da abasto para dedicarles la atención necesaria. 

    Para hacer frente a este desequilibrio, es necesario establecer una reserva de plazas adecuada para alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo y ampliar o reducir las ratios de los centros en función de su complejidad.  Estas, entre otras, son algunas de las medidas que prevé el Pacto contra la segregación escolar en Catalunya, impulsado por el Síndic de Greuges en colaboración con el Departamento de Educación y suscrito el marzo del año pasado por más de un centenar de ayuntamientos, miembros de la comunidad educativa y diputados del Parlamento.

    Es necesario establecer una reserva de plazas adecuada para alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo y ampliar o reducir las ratios de los centros en función de su complejidad

    Rendimiento académico

    La complejidad de las escuelas está directamente relacionada con el éxito educativo de los chicos y chicas. Si cogemos el ejemplo del distrito de Ciutat Vella, donde Asia cursó la educación primaria, encontramos que el 73% de las escuelas públicas y el 75% de los institutos públicos tienen una complejidad alta o muy alta. En el mismo distrito, un 22,5% del alumnado no supera la prueba de competencias básicas de matemáticas de 6º de primaria y un 30% tampoco lo hace en la prueba de 4º de la ESO.  
    En el barrio del Eixample, en cambio, no hay ninguna escuela ni instituto públicos de alta o muy alta complejidad, y el alumnado que no supera las pruebas de competencias básicas de matemáticas es del 10,6% en 6º de primaria y el 9% en 4º de la ESO. Las diferencias entre distritos crecen si hacemos la comparación con el de Sarrià-Sant Gervasi. Son datos del curso 2018-2019 del informe “Oportunidades educativas de la infancia y la adolescencia en Barcelona”, publicado por el Ayuntamiento de Barcelona. 

    El origen del alumnado, tanto desde el punto de vista migratorio como del socioeconómico, también marca el riesgo de fracaso escolar y de dejar los estudios. Según un estudio del Centro de Estudios Demográficos de la UAB con datos del curso 2015-16, el fracaso escolar (no conseguir la ESO) en los centros públicos de Catalunya afecta de media al 10% del alumnado con padres autóctonos, al 17% cuando los padres son extranjeros y a un 29% del alumnado nacido en el extranjero que ha llegado con más de 7 años a Catalunya. Por otro lado, un informe reciente del Síndic de Greuges señala que el 75% de los chicos y chicas con padres con estudios superiores continúan estudiando después de los 17 años, mientras que de los que tienen padres con estudios básicos solo continúa un 42%. 

    La complejidad de los centros educativos y el origen del alumnado condicionan el éxito educativo, el fracaso escolar y el riesgo de dejar los estudios

    El estigma

    Retomando el hilo de la educación de Asia, cuando hizo el salto a la ESO entró en un instituto de baja complejidad del Eixample, junto con 14 chicos y chicas más que venían de la misma escuela que ella. “Desde la misma escuela nos recomendaron este instituto. Nos dijeron que tendríamos más oportunidades. Nosotros también lo veíamos con buenos ojos por el hecho de estar fuera del Raval”, reconoce Asia. 

    Pero la expectativa no acabó de cumplirse para todos ellos y ellas. “Ahora que estamos en 2º de Bachillerato, solo quedamos 4 personas de aquella escuela. Hemos perdido 11 personas por el camino, de las cuales muchísimas tenían competencias transversales y buenas capacidades para seguir estudiando”, valora. “Creo que faltó un apoyo psicológico y en los estudios. Alguien que les preguntara si estaban bien en casa, que les ofreciera recursos para el refuerzo escolar… De entrada se les decía que ellos no podían, que hicieran un ciclo o un Programa de Cualificación profesional Inicial (PQPI). Quizás el hecho de ser del Raval ha sido un estigma que nos ha etiquetado.” Aún siendo una experiencia concreta que no se puede generalizar a otros institutos, lo que explica Asia deja claro que normalizar la segregación en las aulas puede provocar, en algunos casos, miradas discriminatorias hacia el alumnado en función de su origen. 

    Por todo ello, Asia lanza un llamamiento: “Que la gente que vive en el Raval no escolarice a sus hijos fuera del barrio. Es un error llevarlos fuera por el hecho de pensar que estarán mejor con alumnos que no tengan origen inmigrante. Creo que se deberían quitar estos miedos, confiar en el sistema educativo, en el barrio. Harán que haya progreso, evitarán que haya más segregación escolar. Creo que así no solo habrá más diversidad, sino que garantizaremos más oportunidades y derechos”.
     

     

     

    Asia: “15 alumnos del Raval hicimos el salto a un instituto de baja complejidad del Eixample. Ahora, en 2º de Bachillerato, sólo quedamos 4”

    Segregación agravada con la Covid-19

    A todo esto, ¿cómo afecta el estado de la pandemia a los desequilibrios en la composición de los centros? Voces expertas como la Fundación jaume Bofill ya han alertado que puede provocar un empeoramiento. Por un lado, porque el incremento de la población vulnerable conllevará que haya más alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. Por otro, porque el proceso de preinscripción online y el hecho de que muchas familias cambien de vivienda durante la crisis, según se ha estudiado, hace que aumenten las matriculaciones fuera del término y la matrícula viva. 

    Además, la Fundación Jaume Bofill señala que muchos centros no reservan suficientes plazas para alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, y lo hacen solo hasta julio. Por todo ello, la entidad propuso antes de verano una serie de medidas centradas en mejorar esta reserva de plazas, asesorar las familias y detectar mejor el alumnado con NESE.
     

     

    Las desigualdades fuera del horario lectivo

    Al mismo tiempo, otros aspectos relacionados con la segregación escolar también están incrementando las desigualdades educativas en los últimos meses. Hay que recordar que el acompañamiento familiar es clave para el éxito educativo de los niños, niñas y jóvenes, pero no todos los padres y madres tienen el mismo capital cultural y los recursos necesarios, especialmente para dar apoyo a sus hijos e hijas desde que hacen el salto al instituto. 
    Este es un factor determinante que se ha agravado durante el confinamiento, unos meses en los que el acompañamiento familiar ha tenido más peso que nunca en el proceso de aprendizaje. Es necesario invertir más recursos en programas de refuerzo educativo fuera del horario lectivo y que transfieran competencias a las familias para que se puedan involucrar en el itinerario educativo de niños, niñas y jóvenes. 
    La brecha digital, de la que tanto se ha hablado últimamente, también es un problema que se debe solucionar, aunque se recupere la enseñanza presencial. Según el Instituto de estadística de Catalunya, en el 2019 en Catalunya había 113.000 niños y niñas sin un ordenador en casa, y cerca de 40.000 sin internet o banda ancha. Más allá del acceso a la red y a los dispositivos tecnológicos, sigue siendo necesario más apoyo a las familias para que los niños y niñas puedan hacer un uso competente y responsable de ellos. 
    Son realidades que ya eran problemas estructurales antes de la pandemia, como recuerda Asia: “En mi escuela había muchos niños que en su casa los padres no estaban en todo el día o tenían jornadas laborales hasta las 23h. No les podían ayudar con los deberes o acompañarlos a la biblioteca. Eso provocaba que no hicieran los deberes. O si se tenía que hacer un trabajo con el ordenador, muchos niños no tenían.” Combatir la segregación escolar y las desigualdades educativas, pues, sigue siendo una asignatura pendiente, y abordarla debe ser más prioritario que nunca.

    Mirar el vídeo de la conversación entera con Asia aquí.

     

    En el Casal dels Infants queremos continuar incidiendo para que se adopten medidas contra la segregación escolar y continuar ofreciendo espacios de refuerzo educativo fuera del horario lectivo.

    ¿Qué puedes hacer tú?

    Haz un donativo: https://www.casaldelsinfants.org/es/donativo-emergencia-educativa

    Haz voluntariado: https://www.casaldelsinfants.org/es/voluntariat