Una chapa, una boca y una oreja. Un círculo de niños y niñas sentados en el suelo que hablan, se escuchan y, aunque haya alguna interrupción, se esfuerzan y ponen conciencia en respetar los turnos de palabra.
En un esfuerzo por mejorar la convivencia y el autoconocimiento, en el Casal dels Infants del Raval hemos desarrollado un proyecto para trabajar la gestión emocional y la comunicación no violenta con niños y niñas de 8 a 10 años. En esta iniciativa, los propios niños se convierten en protagonistas y agentes activos en la resolución de los conflictos que aparecen en el grupo.
“Estamos trabajando para que no haya peleas, y que si las hay intentemos solucionarlas con palabras, y si no lo conseguimos, hay un mediador que nos pregunta qué ha pasado y mientras uno habla, el otro escucha”, resume Sabrin, participante del Casal dels Infants del Raval.
Gestión emocional con niños y niñas
A los niños, a menudo, les cuesta reconocer sus emociones y gestionarlas, lo que puede derivar en conflictos con los demás. Si además añadimos una situación de vulnerabilidad social en la familia, aumentan el malestar y las dificultades de los niños para comunicarse de manera calmada.
Por eso, en el Casal dels Infants trabajamos de manera transversal la gestión emocional, y este curso la reforzamos con esta iniciativa de comunicación no violenta y mediación por parte de los propios niños y niñas.
“Detectamos dentro del grupo que les costaba comunicarse de forma no violenta. Veíamos que había pequeños conflictos entre iguales que también se podían resolver entre iguales. Así, planteamos la figura del mediador para dar pie a que pudieran resolver los conflictos entre ellos mismos”, explica Amal Ymlahi, integradora social del Casal dels Infants del Raval.
La figura del mediador
Una de las piezas clave de esta metodología es la figura del mediador. Antes de ponerla en práctica, el equipo educativo enseñó a los niños las responsabilidades de este rol y los aspectos que debía tener: la escucha activa, la empatía y la capacidad de escuchar sin juzgar.
Cada tarde en el Casal, un niño diferente asume este rol y se identifica con una chapa. Como mediadores, se encargan de intervenir cuando hay un conflicto o disputa, preguntando qué ha pasado y moderando el diálogo entre los implicados. Para potenciar el respeto a los turnos de palabra de una forma más visual, quien tiene el turno de hablar sostiene una boca impresa en la mano y explica con calma su versión de los hechos, mientras quien tiene la oreja escucha activamente mientras espera su turno para hablar.
Para concluir la mediación, se firman unos acuerdos de convivencia consensuados entre los niños implicados y que deben cumplir. Una vez más, el mediador o mediadora es el responsable de revisar y valorar si se han cumplido durante la tarde.
“Los niños están muy motivados por tener el rol y la responsabilidad que implica ser mediador. Piensan más en cómo se sienten y en cómo pueden afectar las cosas que dicen antes de hablar, y ya no solo buscan referentes adultos, sino también referentes entre iguales”, celebra Amal.
Comunicación no violenta más allá del Casal
Más allá del Casal, este trabajo de gestión emocional y sus resultados son aplicables en muchos aspectos cotidianos de la vida de los niños. “La comunicación no violenta tiene que estar en el Casal y fuera también, para respetarnos, hablar bien y no pelearse”, afirma Hachim, participante del Casal dels Infants del Raval.
“Pueden practicarlo aquí y fuera, en la escuela, en casa, en la calle, con amigos y amigas. Son niños y niñas que vienen de situaciones muy vulnerables y esta gestión emocional les cuesta más. Lo trabajamos desde el Casal y lo reforzamos para poder contribuir en esa situación”, afirma Amal.


