Una mañana del verano más necesario

29/07/2020

Son las 9h de un viernes bochornoso. Tenía que caer un chaparrón, pero el sol se empeña en calentar el patio de la escuela Les Deveses de Salt, donde el grupo de mayores del Centro Abierto Infantil mantiene las distancias de seguridad y se saca el sueño de las orejas. Bajo el porche, el altavoz y Lourdes, la educadora del servicio, marcan el ritmo:  “1, 2, 3, 4… ¡Bajamos!”. 

Le llaman “¡Actívate!”, una actividad deportiva que les hace empezar las mañanas con energía. También les va bien para recuperar hábitos saludables que con el confinamiento habían perdido un poco, a pesar de los ejercicios que iban haciendo por videollamada con el equipo educativo. Acaban los ejercicios, hacen estiramientos y se dedican unos aplausos por el esfuerzo compartido. Después de desayunar, se dividirán en grupos de 10, las famosas unidades de convivencia, para hacer un rato de refuerzo escolar.

 

 

Los pequeños ya tienen la barriga llena y han hecho los grupitos. Unos cuantos suben a un aula con Úrbez, el educador, y antes de sacar el cuaderno de verano, dedican un rato a explicarse cuentos que traían pensados de casa. El resto se ha puesto el bañador y baja hacia el patio con Paula, otra de las educadoras, para hacer juegos de agua. LLenan la pista de gritos de emoción y ganas de remojarse. Paula explica las normas y empieza el primer juego, aquí podéis ver cómo acaba.

 

 

Julaba y Abdoulaye

Volvemos con unos de los grupos de mayores, que hace refuerzo escolar en unas mesas bajo la sombra de los plataneros. Mientras se van rellenando los cuadernos de verano, aprovechamos para charlar con Julaba, que tiene 10 años y muchas cosas que contarnos. Dice que el casal de verano la ha ayudado mucho para estar “más divertida”, después del confinamiento. 

Fueron semanas en las que se sintió muy sola con su hermano, pero la imaginación y el contacto con el Casal le sirvieron de ayuda: “Nos sentíamos como si estuviéramos en el Casal, porque jugábamos a los mismos juegos, y también hicimos un grupo del Casal donde íbamos hablando por videollamada con los compañeros y compañeras y las educadoras”. Por si faltaban buenas palabras para el equipo educativo, añade: “Los educadores y las educadoras son muy respetuosos y nos educan. Nos gusta mucho estar con ellos y ellas, porque es un momento feliz para nosotros”. 
 

Julaba: «Este Casal de verano me ha ayudado mucho a estar más divertida«

 

Ahora quien habla es Abdoulay, a quien no le gusta el confinamiento porque dice que engordó un poco y no pudo terminar el curso en la escuela y despedirse de los amigos. Pero también se conectaba para hablar con el grupo del Casal. Por videollamada hacían deporte, mates… Viene al Casal desde tercero de primaria, y puede recitar todos los nombres de los educadores y educadoras que ha tenido hasta ahora. Su mejor recuerdo de lo que llevamos de Casal de verano es la excursión al río. Parece ser que en un momento resbaló y cayó, y cada vez que piensa en ello le da un ataque de risa. ¿Y quién no se bañaría en el río ahora que estamos a mediodía y el calor no da tregua? Nos despedimos de los niños y niñas de Salt para ir a ver qué hacen los de Sant Roc.

 

Abdoulaye: «Me gusta el Casal porque hay educadoras buenas y puedes tener muchos amigos»

 

Víctor y Fátima

Nos encontramos entre los bosques del Maresme, en Canyamars. Como muchos otros chicos y chicas del Casal dels Infants, están de colonias. Nos topamos primero con la piscina, donde se bañan los y las adolescentes del Espacio Socioeducativo Sant Roc. Para terminar de darnos envidia, nos reciben con un salto al agua al grito de “¡Casal de verano!”.

Buscamos a alguien que quiera explicar en un vídeo cómo están yendo las colonias, y hay tantos voluntarios que la selección se acaba resolviendo con una partida de piedra, papel, tijeras. La gana Víctor, que se nos acerca chorreando agua y mucho amor: no para de decir que quiere mucho a los educadores y educadoras, a sus compañeros y compañeras… Tampoco puede evitar alabar al equipo de cocina del albergue Mas Silvestre: “Nos lo estamos pasando genial, y aquí se come muy bien. Me quedaría a vivir aquí”. 

El domingo les tocará hacer las maletas y volver hacia Badalona, y eso pone a Víctor un poco nostálgico: “Cuando estaba en casa y me llamaron diciendo que habría colonias me alegré mucho… Hacía mucho que no nos veíamos y el reencuentro fue muy emotivo.” No hay que sufrir, todavía quedarán unos cuantos días de casal de verano… 
 

 

Víctor: “Cuando estaba en casa y me llamaron diciendo que habría colonias me alegré mucho…»

 

Dejamos el grupo en remojo y subimos hacia el jardín de Mas Silvestre. Los niños y niñas del Centro Abierto Infantil están en el tiempo libre, y nos los encontramos repartidos en grupitos. La mesa de ping-pong agrupa a los y las deportistas, en un rincón hay quien juega en círculo intentando evitar la mirada de un asesino, y por los márgenes del bosque se ven cabezas agachadas buscando insectos. 

Sacamos un rato de la partida del asesino a Fátima, que dice que ahora tendría que estar en Marruecos con su familia, pero que el confinamiento le ha cambiado los planes: “Al menos he podido venir de colonias con mis amigos y amigas, y estoy contenta porque este es el último verano que estoy con el grupo de pequeños” —tiene 12 años, el curso que viene le toca hacer el salto al Espacio Socioeducativo—.

 

 

Fátima: «Estoy contenta de haber venido de colonias, porque es mi última año con el grupo de pequeños»

 

Cuando el domingo vea a sus padres les explicará todos los animales que ha visto, entre los que destaca a las vacas, y que se lo pasa muy bien en la piscina. Quizás porque sabe que están a punto de llamarla para ir a comer, nos hace una confidencia: dormirá un poco más tranquila por las noches, porque la oscuridad de la montaña le da bastante miedo. Quizás cuando vuelva a irse de colonias el año que viene no le dará tanto. Ahora sí, a comer y a seguir disfrutando del ocio durante la tarde.

 

 

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